Florencia me llamo, como mi abuela. Y es que las dos tenemos tanto arte como la ciudad que nos da nombrAprendí a atarme los cordones de los zapatos con 3 años y a día de hoy cuelgo mis cuadros aunque me queden torcidos.
No recuerdo exactamente el día que sentí por dentro el gusanillo de la interpretación, pero dispuesta estoy a matarlo una y otra vez para seguir sintiendo la felicidad que me provoca.
Nací en los magníficos 90, cuando “Tacones Lejanos” de Pedro Almodóvar también lo hacía. Crecí con el Discman bajo el brazo, entre los poemas y acertijos de Gloria Fuertes que me leía mi madre y “La Parodia Nacional” de Constantino Romero con su “Corazón Pinturero” de fondo. Eso ya marcó un antes y un después en mi vida.
Empecé con la “cosa” del teatro en la escuela como extraescolar. Pero, caí enamorada profundamente de esta profesión cuando ví “Mar i Cel” de Dagoll Dagom. ¡No podía creer lo que veían mis ojos! Y, entonces, ahí es cuando empecé a tomar clases de interpretación, baile y canto en la Escuela Memory y fui creciendo y seguí formándome en otras escuelas y disciplinas como Nancy Tuñón, Centre Estudi, Laura Jou, Espai Philae, etc.
Mis inquietudes no frenan, y sigo en la búsqueda de nuevas habilidades y formas de expresarme. Y si me preguntan si me siento afortunada: “¡Si, mucho, muchísimo!”. Ésta profesión me regala la libertad de ser yo, de ganarme en cada escenario, en cada personaje, que más que dar vida, ellos me la dan a mi.